¡Testigos de Jehová, el que tenga oídos para oír que oiga!






Los escritos del antiguo testamento aparecen en hebreo y como corresponde a la manifestación de Dios para con su pueblo Israel, bajo la ley y los profetas, con el nombre de Yahvé o Jehová. También es obvio y como debe ser, toda traducción que se haga del antiguo testamento, sea al idioma que sea, debe ser fiel a los originales, y donde aparezca Jehová traducirlo como tal. De ahí que aparezca el nombre de Jehová en el antiguo testamento cientos de veces, y como debe ser también en las traducciones que de este se haga  al idioma griego, español, inglés o cual fuera. Ahora bien, lo mismo se debe hacer con el Nuevo Testamento, donde los santos hombres escogidos por Dios fueron inspirados por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:21), para anunciarnos las Buenas Nuevas, Evangelio o Palabra de Dios y esto se hizo en griego. 

Así que, cualquier traducción que se haga del Nuevo Testamento, ya sea al inglés, español, alemán, etc., ha de ser fiel a los escritos griegos, no debiéndose cambiar o añadir ninguna palabra, pues se transcurriría en la desobediencia a Dios y que bien notificado está por Él a los hombres en el libro de Revelación 22: 18 y 19 ¿Qué les parecería a ustedes si alguien tuviese la ocurrencia de traducir las palabras que aparecen en el antiguo testamento de Yahvéh o Jehová en hebreo, por otras totalmente diferentes como las de Señor o Dios? 

Imagínese que no apareciera el nombre de Jehová en todo el antiguo testamento. De seguro que les parecería muy mal e incorrecto, y de seguro que no sería admitido por los traductores oficiales y licenciados de todos los tiempos. Pero lo peor y por lo que uno se debe cuidar de NO hacer tal barbaridad, es porque va en contra de Dios y sus mandamientos. Pues esto, es lo que vienen haciendo los así mismos llamados testigos de Jehová por más de sesenta años, es decir, cambiando las palabras escritas por los apóstoles en griego, como son las de Señor o Dios por la de Jehová. Nada más tiene uno que ir al interlineal Kingdom u otro cualquier interlineal griego del Nuevo Testamento, para ver tal adulteración de las Sagradas Escrituras. Tal hecho no puede ser justificado por nada.

Manteniéndonos en esta misma linea y contexto, es imposible que en el Nuevo Testamento o Segundo Pacto, aparezca ni tan solo una vez que tenemos que llamarnos o debemos de ser Testigos de Jehová. A los únicos a los que en las Sagradas Escrituras  Jehová Dios les llamó a ser testigos Suyo, fue al pueblo que Él escogió, esto es, a los israelitas y a nadie más. Y esto naturalmente en el primer pacto, ley y los profetas, ver por ejemplo Isaías 43. Sin discusión posible alguna, en el Nuevo Testamento somos llamados a ser Testigos de Jesucristo y de ningún otro. Así dijo nuestro Maestro y Señor Jesucristo poco antes de ascender a los cielos: Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo llegue sobre ustedes, Y SERÁN TESTIGOS DE MÍ tanto en Jerusalén como en toda Judéa, y en Samaría, Y HASTA LA PARTE MÁS DISTANTE DE LA TIERRA (Hech. 1:8).

Esto es así en todo el contexto del Nuevo Testamento, el de ser llamado a ser testigo o servidor de Jesucristo. Seguidamente les mostraremos un ejemplo clarísimo de esta gran Verdad. En el capítulo nueve de Actos o Hechos de los Apóstoles se narra lo que le ocurrió al apóstol Pablo cuando iba hacia Damasco. El Señor Jesús le llamó y le dijo que entrara en la ciudad donde se le diría lo que tenía que hacer. Jesús el Señor le envió a un discípulo llamado Ananías y entre otras cosas le dijo: Ponte en camino, porque este hombre me es un vaso escogido PARA LLEVAR MI NOMBRE a las naciones (ver. 15). El nombre de Jesús, NO el de Jehová o Yahvé. Ananías era cierto varón reverente según la ley, acerca de quien daban buen informe todos los judíos que allí moraban (Hechos 22:12). Un hombre del primer pacto bajo la ley y los profetas, pasó de ser testigo de Jehová, (como israelita) a ser testigo o discípulo de Jesús, a quien Jesús escogió para decirle a Pablo: El Dios de nuestros antepasados te ha escogido para que llegues a conocer su voluntad y veas al Justo y oigas la voz de su boca, PORQUE HAS DE SER TESTIGO a todos los hombres acerca de cosas que has visto y oído (Hechos 22: 14,15). Por esto mismo en Hechos, capítulo 4, versículo 12, enseña que: Además, NO HAY SALVACIÓN EN NINGÚN OTRO, porque NO HAY OTRO NOMBRE, debajo del cielo que se haya DADO A LOS HOMBRES mediante el cual tengamos que ser salvos.

NO, NO hay otro nombre en todo el Nuevo Pacto o Testamento. De ahí, que el hacer lo que los así mismos llamados testigos de Jehová hacen, no es otra cosa que adulterar la Palabra de Dios.

Las religiones son todas obras de hombres, llámese católica, evangélica, protestante, ortodoxo, mormona, testigos de Jehová, etc., etc.. Por eso tampoco aparece en todo el Nuevo Testamento que tengamos que pertenecer a alguna de ellas o que alguna de ellas fuera la verdadera iglesia de Cristo. Es todo lo contrario, para ser verdadero testigo o discípulo de Jesús, hay que salir de ellas y predicar el verdadero evangelio de Cristo. 

La falsa iglesia católica como la evangélica, cometen un grave error con la trinidad diciendo que son tres personas distintas y solo un Dios verdadero, y los testigos de Jehová yerran igualmente diciendo que son dos personas distintas y la fuerza activa de Dios. Lo que la Santa Palabra de Dios enseña claramente y sin doble interpretación posible dentro del Espíritu verdadero, es que, Dios, el único y verdadero, se ha manifestado en dos grandes pactos. En un primer pacto escogiendo al pueblo judío bajo la ley y los profetas y con el nombre de Jehová (ver Éxodo 3). Y en un segundo y mejor Pacto haciendo Dios de ambos pueblos (judío y griego o gentil) uno solo, como lo enseña Efesios, capítulo 2, bajo la Gracia o ley de Cristo y dándonos  el nombre de Jesucristo, nombre que es sobre todo nombre (Fil. 2: 9). Dios Padre, ser espiritual y NO persona (Juan 4:24); Dios Hijo, quien se despojó a sí mismo y tomó la forma de un esclavo y llegó a estar en la semejanza de los hombres, como persona, (ver Filipenses 2: 6 y 7). Y por último como el Consolador o lo que es Dios: Espíritu Santo y NO persona. Tres manifestaciones del único Dios y Salvador para con los hombres, como podemos ver y distinguir claramente, en el evangelio de Juan, capítulo 14, versículo 26, donde dice: Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho.

DIOS, EL ÚNICO Y VERDADERO, MANIFESTADO A LOS HOMBRES EN SU SEGUNDO Y DEFINITIVO PACTO, COMO: PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO.

A la pregunta de si Yahvé o Jehová y Jesucristo es lo mismo, hemos de aclarar siempre, que si; es el mismo Dios porque sólo hay uno, se manifestó ese mismo y único Dios en un primer pacto con el nombre de Jehová al pueblo de Israel, y más tarde aboliendo ese primer pacto, estableció uno nuevo con mejores promesas y definitivo segundo pacto con el nombre de Jesucristo. 

Y concluimos diciendo que cuando oímos el nombre de Yahvéh o Jehová, automáticamente lo debemos relacionar e identificar con el primer pacto que Dios hizo con el pueblo judío y NO con el segundo pacto. En estos postreros tiempos sólo hay un pacto vigente para toda la humanidad, el segundo y un sólo nombre, el de Jesucristo. Así que si bien hay un solo Dios, debemos distinguir siempre entre lo que fue el nombre de Jehová y lo que es el nombre de Jesucristo, a quien sólo le pertenece toda alabanza, honra y adoración. Por eso es obvio o lógico que NO aparezca el nombre de Jehová en el segundo Pacto o Testamento.

La relación entre el Padre y el Hijo, no hay que tomarla literalmente, sino como unas enseñanzas espirituales del mismo Dios dentro del plan de salvación que estableció para con la humanidad. Plan, donde nosotros por fe en su Hijo Jesucristo pasaríamos a ser hijos. Recordemos lo que dice Juan 13:15, que: Porque yo (Jesús) les he puesto el modelo, que, así como yo hice con ustedes, ustedes también deben hacerlo. Jesús es nuestro único modelo a seguir en todo, también en la relación para con el Padre. Además como es sabido, Dios no tuvo una mujer Diosa para tener a un Hijo Dios, cierto ¿No? Sino que, como bien nos aclara Filipenses 2; Cristo estando en forma de Dios o dicho de otra manera: Cristo Dios ( y sólo hay uno), se despojó a sí mismo. Nadie lo despojó, tampoco fue fruto de una relación entre un Dios y una Diosa, sino creado por Dios, por sí mismo, tomando forma de hombre o persona, esto es, como individuo de la especie humana. Nació de María engendrado por Él mismo, por el Espíritu Santo (Mateo 1:20). Dios es Espíritu (Juan 4:24) y Santo, santo, santo (Rev. 4:8). Por esto también nunca Jesús llamó a María madre, porque realmente no era su madre+ ¡¡¡Es que, no se puede enseñar más claro!!! Ustedes escudriñan las Escrituras, porque piensan que por medio de ellas tendrán la vida eterna;  Y ESTAS SON LAS MISMAS QUE DAN TESTIMONIO ACERCA DE MÍ (JESÚS).

La única forma de saber la Verdad es a través de las Sagradas Escrituras. Tenemos el deber de examinarlo todo y presentar defensa o luchar tenazmente por la fe (Judas 3). De ahí que les rogamos delante de Dios como Testigo, que si hay algo de lo que les escribimos que no corresponde a la Verdad, tengan por deber delante del mismo Dios, el hacérnoslo saber y naturalmente usando para ello, como no puede ser de otra manera, la Palabra de Dios.









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